La música de compulso tuvo en varios de nosotros efectos contrapuestos. Creemos que Compulso nunca tuvo la intención de hacerla. Sufría de insomnio y apnea del sueño, por lo que muchas veces prefería trabajar, sucumbir al cansancio a las 5 AM y para él 2 horas de sueño y oxígeno eran suficientes, porque el resto de la noche eran su camera obscura, como le llamaba al pequeño lugar donde tenía un sinte viejo, su guitarra, una electribe que usaba poco y sus pads Yamaha que eran insensibles a sus manos temblorosas, consecuencia de su trabajo de más de casi 10 horas diarias continuas con ultrasonido.
Sus manos se aquietaban cuando las acercaba a su Mac, a su café cortado y a sus cigarrillos, que terminaron siendo demasiados. "Nada será demasiado después de esos 3 años con Valentina Lilywhite", decía con una expresión dolorosa en la que había una mezcla de alivio de 5 años recientes, pero cuyas secuelas, cada cierto tiempo, lo tuvieron que hacer elegir entre la recaída y la oscuridad mental y emocional, anhedónica y autista en la que se sumía por el uso de fármacos sedantes, que para su desgracia y nuestra pena, lo dejaban en ninguna parte, porque su silencio y la desconexión ocasionada por los remedios, nunca fue capaz de regalarle una sola hora de buen sueño.
Pero fue en ese limbo, con el cual debía seguir trabajando en los días, el que por las noches lo hizo reencontrarse con algo que soñó desde que escuchó por primera vez a Charly. A medio camino, escapando de la enfermedad y de la terapia, la que finalmente completó después de 2 años, fue necesario crear un espacio en la mente, en el espíritu y en la propia historia, porque como si fuesen el psicólogo más oportuno, llegó el reencuentro con la necesidad casi terapéutica de depositar en la música la pesada carga de 3 años de "ser a medias" o simplemente terminar transformándose en un sujeto irreconocible, inaccesible y patético, que parecía pedir ayuda a gritos, pero Valentina es hábil y no dejaba que nadie lo supiera. Después vino otro milagrito para este individuo que se defendía bajo la idea que, a pesar de la distancia de la enfermedad, su relación conmigo mismo o con sus amigos, estaba destinada a ser un frecuente y perfecto error. Había que dar un salto, abrir el corazón de nuevo, confiar entremedio de la paranoia y la soledad: y esta vez la música no vino sola, sino que tomó la forma de un programa que parece ser a su vez la expresión de un despropósito del sistema: el gran escape, era el tipo de programa que Compulso hacía cuando estaba en el Liceo, pero el verdadero ángel fue un periodista excepcional, que no sólo sabía de cómo conducir impecablemente un rato de radio sino que escribía sin faltas de ortografía y su flujo del pensamiento, requisito indispensable para explicar apropiadamente el arte, tenían quizás un solo representante previo, de hacía muchos años atrás.
El personaje actual era Nicolás Castro y el histórico, el del desembarco de los ángeles, Cristián Warnken, en la Concierto de los 90. Compulso daba a luz protegido por la música. En realidad, la música y sus agentes lo estaban salvando de la muerte. Casi todo volvía a adquirir algún sentido, en la medida que él también volviera a ser el conocedor que fue en el pasado y.... el músico que no pudo ser. En 2 años aprendió más de música que en sus últimos 15 años dedicados a su trabajo en salud. Admiraba a Nico Castro de una forma que en el pasado lo hizo con Borges, Parra, Jodorowski, Burton, o el mismo Warnken. Pero ya era tarde para ser músico. Reunió algunos de sus viejos cuadernos, contextualizó la incertidumbre existencial que siempre lo acompañó, acomodó prosas y puso sus dedos en los instrumentos con peor torpeza que la de costumbre. Se dio cuenta que estaba viejo para ser estrella de rock. Incluso, para ser siquiera músico. Ni siquiera eso. Y se transformó en un matemático de la armonía y la prosa.
Nunca pudo hacer más que eso. Agoniza sin querer aprender lo que era una corchea, porque sostenía que la música no necesitaba eso en la actualidad. Sólo necesitaba un algoritmo, sus viejas letras a las que sumó su tragedia reciente y un computador que solventara su ignorancia y su pulso estrepitoso. Com...pulso. Tenía además, un espacio de experimentación, que es en lo que se ha pasado la mayor parte de su vida. Con ello, parte de su vida estaría de vuelta también. El resultado fue pésimo, pero su amargura tenía una ventana por la cual mirar de nuevo la vida. Aterrado por la idea de ser reconocido, se ocultó bajo seudónimos y telones. No necesitaba que supieran quien era, pero él necesitaba a la música. Y por primera vez en la vida, tenía la necesidad de ser escuchado. Unos pocos fuimos suficientes. A veces creía que quizás mucha gente podía escucharlo sin necesidad de ser nadie más que Compulso. Y eso hizo que su música fuese siempre un proyecto. Quizás haya un par de temas (llegó a hacer varios por semana). Pero los 50 que tuvieron algo parecido a un final y otros 50 que se quedaron en lo que sería su propia agonía, no eran tarea fácil de asimilar. Y aunque a veces vencía la vergüenza de mostrar sus canciones, en general optó por dejarlas en la camera obscura o en algún sitio sin coordenadas. Alguna vez soñó con que le gustarían a alguien y las tomaría bajo la licencia de CC, pero en estos días ya todos son artífices de sus propias creaciones. Nadie lo necesitaba, excepto los 40 y tantos que vimos su sombra crecer sobre un telón que proyectaba sus algoritmos y a la vez lo acogía cuando su guitarra admitía la intimidad que tan pocas veces le vimos expresar en público. En RiGor, una sola vez. Y creo que fue feliz. Especialmente porque su hijo estaba entre el público. También sería la última vez que lo escucharía, e incluso sonreiría al reconocer cómo su voz era transformada en coro de niños o en trino de pájaros. "Decir qué soy" y "lo que queda de mí" era quizás lo único que compulso quiso encontrar en su camino de disfraces y mensajes de esperanza, perdón e indulgencia. Y cuando pudo volver a besarla de nuevo y recorrer con lágrimas su viaje de 5 años, para descubrir que de nuevo era tarde en su vida, entonces cantó como si nos estuviera hablando su alma y nos dijo adiós.
Diciembre de 2012
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Perfil original:
Esta colección de basura indómita es una patudez que me ayuda a que pase el tiempo en mis ratos libres. No soy músico, ni ingeniero ni productor. Nadie que haga música seriamente debe perder el tiempo escuchando este "postal service" cuyo destinatario es el remitente. Es casi un error tener la compulsión de compartir aquí estas "humoradas" o "bits para combatir el insomnio", pero se trata de una catarsis semi-terapéutica que se acerca a los territorios íntimos y me aleja de aquellos que los años han ido parchando. Sorry si llegó aquí por error. Bienvenido(a) de todas maneras!