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Pues creo que es la primera vez que en lugar de sentir que he parido una canción, me la he comido, como un proceso anticreativo, hacia adentro, y con erupto included.
Esto es lo que hago las tardes de lluvia. Leer, tocar la guitarra, y disfrutar en Egolandia.
Egolandia.
Dios, qué buen título para un Disco, no? Más que para una canción.
Egoland.
Me encanta.
El proceso creativo es raro, sí... Más que nada porque a la hora de grabar te sale la patata más grande del mundo, casi como cuando no estás grabando, vamos...
Este es el último relato que he escrito:
FOR THE LADIES
Es difícil recrear aquella realidad. Podría enumerar infinitas y justas palabras clave para poder tejer una idea concisa y verosímil. Allí todo era más grande. Las casas, los campos, los coches, las pollas. Podía estar durante horas en un gran bar, sentada en un gran taburete, leyendo un gran periódico. E incluso el tiempo se dilataba. Comiendo un sandwich y observando la gran pantalla de televisión, disfrutando de las grandes risas ajenas y de las imágenes mudas de no sé qué gran e importante partido de baseball. La camarera era mayor y redonda. Su pelo era de un color anaranjado mezclado con mechas color rubio pollo. Tenía los dientes inmensos y separados unos de otros y el pintalabios era rojo neón. Un delantal como de antes envolvía su cintura y su exhuberancia se vertía tal y como se vertía la leche en las tazas. Los colores predominantes eran todos. Y todo era un sinfín de viscosa realidad latente en todo momento. Como estando dentro de una película donde absolutamente todo, cualquier objeto o mirada, es imprescindible.
La gente entraba y era como si fueran a quedarse para siempre. Algunos trajeados, pero la mayoría gente normal, de la calle, con sus casas de planta baja, su gran carro, su perro guardián, su jardín. Había una estantería llena de revistas antiguas y también personas antiguas leyéndolas. Algunas estaban arrugadas, por el paso del tiempo, por el efecto del líquido que alguna vez cayó en los folios. Cada vez que alguien habría la puerta sonaba un tímido timbre alargado, como si la puerta no hiciese el suficiente ruido para avisar de que alguien había entrado. Ninguna cabeza se giraba, todos se conocían. Aunque no se conocían. Los buenos días, las buenas tardes, las buenas noches. Qué día más soleado. Estará lloviendo una semana. Y alguien tosía o estornudaba. Alguien preguntaba por Tim, por John, por Jeff. Todo era un sinfín de desenfrenados sonidos al unísono, uniéndose entre sí como La Gran Sinfonía de La Realidad.
Jason era un chico típicamente rubio y tímidamente guapo. Sonreía siempre, pero en su mirada se vislumbraba un cierto aire maniático. Se lavaba las manos con la misma sinuosidad que un gato lamiéndose las patas. Era exacto, preciso, precioso. Sus ojos eran como dos objetos no identificados que están lejos pero que lo saben todo sobre nosotros. Sus uñas siempre estaban perfectas, perfectamente adheridas a la piel de los dedos. Tenía manos de pianista, sin embargo la única música que dominaba a la perfección era el estallido de los granos de café machacándose en el molinillo. Servía los cafés con leche, con azucar, solos y con sonrisas. Pero era más bien serio. De esos que cuando se sientan a comer no levantan la vista. De esos que cuando se sientan a comer leen el periódico y, aunque tengan la mente en otro lugar, siguen leyendo, porque no les apetece nadie.
Llegué por allí una tarde de la última semana de Agosto y casi no hacía calor. Hacía mucho viento y me metí ahí porque me atrajo el cartel. Entré y olía a espacio, a inmensidad. Olía a lugar exacto, a cotidianidad, a todo y a nada. La camarera me preguntó qué deseaba sin mirarme a la cara a lo que respondí con un té helado. Jason estaba en la mesa del fondo comiendo, desde lejos ya vi que era un chico guapo. Me senté. Cogí "The Washington Post" y me puse a leer pero también miraba la televisión, que tenía el volumen bajado. Vi, a través de los cristales, cómo la presencia de nubes era cada vez más abundante y el viento movía todos los objetos colgantes que había en aquella grandísima calle. Los coches pasaban a velocidades normales y poca gente caminaba por las calles y estoy segura de que absolutamente todos los que vi iban rumbo a sus casas.
Jason se levantó y se puso detrás de la barra. Empezó a poner muchos platos limpios en su sitio y se puso a limpiar la cafetera. Sus brazos eran fuertes y me pareció una escena increíblemente sexy. Movía su cuerpo como si estuviera en una cadena de montaje, haciendo movimientos repetidos, se subía las mangas, y frotaba sus manos con el jabón, y eso me pareció escandalosamente sexy, diría que hasta obsceno.
Me acerqué a la barra y le pedí algo para comer y me dijo que tenía muy poco donde elegir, pues pronto cerrarían. Entonces le pregunté dónde podría ir a comer y me dijo que había un sitio cerca, pero que era peligroso que una chica joven como yo fuera sola por esos lugares. Nos quedamos en silencio y me dio otro Nestea. Y ya me quedé en la barra.
Empezamos a hablar y me preguntó de donde era y entonces todo se volvió cercano y agradable. A los pocos minutos era como si nos conociéramos de antes, me sentí invadida por una sensación de amistad. Finalmente quedamos en que me acompañaría un trozo y acabé entrando por la puerta de su casa. Cerró el local, fue increíblemente bonito observar cómo iba apagando todas las luces, cómo lo dejaba todo exquisitamente a punto para el día siguiente, cómo el silencio iba apoderándose de los rincones de aquel lugar tan provinciano para dar paso a la oscuridad total de la noche. Cuando salíamos por la puerta me giré y vi las lucecitas de la cafetera. Rojas.
Su casa era como una pequeña masía adosada a otras pequeñas masías. Como de madera, pero no. Como antigua, pero no. Había un perro gigante en el jardín. Vi flores y quise creer que eran magnolias y nenúfares pero tal vez eran simples rosas confundidas en la oscuridad. Subimos los tres escalones y entramos directamente al salón. Estaba todo tan limpio que incluso me excité. Se quitó la camiseta y se descalzó. Y yo me descalcé también. Encendió el ordenador y empezamos a ver vídeos de risa en Youtube. Bebíamos vino como agua y con la ebriedad no parábamos de hablar hasta que me enseñó un vídeo casero hecho por él. Se veía un primer plano de Jason ante la cámara, poniendo cara de guapo, haciendo gestos y apretando los músculos de sus brazos para enseñar sus músculos. En el vídeo llevaba puesta una camiseta donde podía leerse claramente "Everything is bigger in Texas", de color granate. Tenía el pelo más corto, como lo llevan los marines, pero él nunca había sido marine. En el vídeo se quitó la camiseta y enfocaba con la cámara hacia sí mismo, hacia sus músculos del pecho. Podían verse claramente los abdominales completamente marcados. Su plano e infinito vientre. Se bajó los pantalones y se sentó en la silla y seguía enfocándose a sí mismo mientras se masturbaba con las dos manos. Hasta que se corrió y acto seguido volvió a enfocar su cara, hizo una mueca graciosa y sonrió. Pude ver que el vídeo se titulaba "For the ladies". Nos quedamos mudos mirando la pantalla durante los catorce minutos que duró, no sé qué pensó él pero yo pensé hacia mis adentros: Dios mío, qué tipo tan americano.
(Espero que lo disfruten... Tal vez con la canción de fondo queda bien y todo, voy a probar.)
Besos.

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